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Pronto aparecieron unos vecinos que rodearon el coche y me apartaron hacia atrás conscientes de que un menor no debía observar aquella escena. Me encontraba realmente conmocionado por lo sucedido. Así se podía resumir mi estado. Sin embargo, no había dudado ni un momento en guardar la libreta en mi bolsillo. Las palabras de aquel hombre se habían clavado en mis oídos.
Mi padre me llevó a casa y me dieron algo de beber, probablemente para intentar tranquilizarme. Poco después subí a la habitación y me enrosqué encima de la cama mientras mi madre me acariciaba y con sus palabras intentaba desviar la atención hacia otras cosas menos importantes. Estuvo un rato conmigo hasta que pensó que me había dormido. Probablemente fue un sueño muy ligero, porque en cuanto se fue por la puerta me desperté y en aquella postura saqué la libreta de mi bolsillo, la miré pero no me atreví a abrirla. Pensé que probablemente en su interior escondía algo importante. Algo que nadie debía de saber. Incluso pensé que tampoco mis padres deberían de saberlo, aunque pronto también descubrí que nadie mejor que unos padres para poder ayudarte.
Intentaron que comiera algo pero no me levanté de la cama. Lo entendieron y me dejaron tranquilo. Ellos estaban verdaderamente preocupados por como me podía haber afectado lo ocurrido.
A media tarde y cuando estaba solo me levanté de la cama y fui hacia la ventana. Había comenzado a llover y pronto resonó en el cielo un trueno estremecedor. Donde está mi pueblo las tormentas son bastante fuertes por el verano y uno tiene hasta ganas de meterse debajo de la cama. Pero no fue el trueno el que de nuevo llenó mi cuerpo de temor sino la sombra que vi desde mi ventana de una persona que con la iluminación del rayo se hizo patente en la carretera. Corrí de nuevo encima de la cama y me tapé permaneciendo allí el resto de la tarde.
Continuará...