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Me quedé asustado por lo ocurrido. No podía quitar los ojos del coche. Ros apareció junto a mi como si no pasara nada. De delante empezó a salir un humo blanco. Entonces caminé unos pasos. Cuando comencé a andar la puerta del conductor se abrió. El hombre que estaba en el interior sacó una pierna. La mantuvo fuera sin moverse un momento que a mi me pareció eterno. Continué a la espera el el sitió, paralizado. El señor, con gran dificultad, salió del interior del coche y se dejó caer en la cuneta. Me asomé rápidamente y enseguida vi que el hombre sangraba. Tenía toda la camisa manchada de sangre a la altura del estómago. Se quejaba, pero no mucho para tener un tiro en el estómago y haber sufrido un accidente. Abrió los ojos y los dirigió a mi. Me entró un miedo terrible, pero tampoco era capaz de echar a correr. Fue entonces cuando el hombre me miró y me dijo:
-Chico. ¡Chico! Acércate. Baja. Por favor no tengas miedo. -Le costaba hablar. No dudé en bajar junto a él a pesar de estar lleno de miedo. No miento si digo que en el fondo me podía más la curiosidad. Cuando llegué junto a él me cogió del brazo y con la otra mano sacó del bolsillo de la chaqueta una libreta vieja con forro de piel de color negro y me dijo:
-No se la des a nadie. ¡Me oyes! A nadie. Guárdala con tu propia vida y solo confía...
No pudo acabar la frase. El hombre se había desmayado.
Continuará....