sábado, 17 de noviembre de 2012

...Continúa.

Era sábado. Papá y mamá solían madrugar mucho cuando se trataba de ir de viaje. Por un lado, conseguían que fuéramos durmiendo la mayor parte del trayecto y además, tratándose del verano, lograban tener el sol a la espalda de manera que no le importunase mucho a papá durante el viaje y el calor no fuera agobiante.
Sin duda, lo que ninguno de los cuatro esperábamos es que fuera un verano distinto. Que fuésemos a vivir una de las mejores aventuras de nuestras vidas. Y digo una porque desde aquella primera aventura no dejaron de sucederse otras.

Papá paró el coche con cuidado y mamá abrió la puerta para dejar subir al perrito de los abuelos. Subió como un tiro y, de manera descontrolada, comenzó a lamer a mamá y a papá y después a mi hermano y a mi. Estaba super contento y nosotros también. Habíamos llegado al pueblo de los abuelos donde cada día por si mismo era ya una experiencia inolvidable.

Continuará....